Una danza de revelaciones lacerantes

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Periódico Cubarte - Febrero del 2015

Por Manuel López Oliva

Nuevamente la Compañía danzaria de Rosarío Cárdenas nos provocará con su modo de asumir la estética que construye mediante la gestualidad y el movimiento de los cuerpos En esa entidad de nuestra cultura se cumple bien aquella sentencia de Arnold Hauser que inicia su libro Introducción a la Historia del Arte: "El arte es una provocación". Con un estreno absoluto en la habanera Sala Teatro Hubert de Blanck ( los días 27 y 28 de febrero)y segunda puesta en marzo 1, 6,7 y 8; siempre a las 8 y 30 pm y los domingos a las 5 de la tarde) nos entregará otra sorprendente propuestapara los ojos, para la recepción de la piel y para nuestra capacidad de intuir poéticamente. Se trata de Punto Ciego, una obra provista de la dimensión proxémica inherente a este grupo nada convencional del hacer escénico, que sin dejar de responder al código complejo de expresión que les es característico y rige la dramaturgia de sus "bailes", afirma esta vez con más fuerza el sentido de la responsabilidad social y la preocupación por lo contextual y lo individual.

Con esa productiva opción suya de convertir a cinco danzantes en una verdadera "tropa" de la representación corporal (lo que demuestra que en arte no siempre se requiere de la cantidad para lograr calidad y originalidad), Rosario despliega su lenguaje a la vez sensitivo y racional, donde la improvisación y lo interdisciplinario, el oficio acumulado y la invención del proceder personal y colectivo del elenco, configuran una narración teatral estructurada por la evocación de móviles fisonomías, objetos corrientes testimoniantes del entorno cotidiano, simbolismo de relaciones inter-corporales y crudas acciones violentas. Lo trans-artístico evidenciado en realizaciones anteriores de la Compañía, una trama que alterna entre lo lírico y lo épico, cierto erotismo penetrante que abandona cualquier implicación hedonista, la revelación dramática y el maridaje de lo consciente con lo subconsciente, alcanzarán intensidad límite en esa osada escenificación del acto de danzar que pronto tendremos a disposición.

El título Punto Ciego que designa a la última danza-teatral suya, no es en la Cárdenas una simple palabra atractiva, mi acaso sólo señal de un tema argumental, sino declaración parcial de su estética anti-prejuicios, anti-esquemas, anti-festiva, anti-tradicionalista, anti-mercantilista y anti-simplista. La reconocida coreógrafa toma así al "toro por los cuernos" y lo siembra en el espacio de las certezas. Valiéndose de una formulación inquietante de revelaciones atrevidas respecto de un ámbito vital sicológicamente enfermo, mostrándonos "las impurezas de una realidad" a veces edulcorada, presentándonos cuadros de angustia y desequilibrio propios de estados de auto-desconocimiento y frustración, dándole visión danzante a lo agresivo y la corrupción o a la "epidemia del poder", coloca la verdad delante de los ojos que no quieren ver, o que por la fuerza de la costumbre y las ideas preconcebidas no son capaces de reconocer su "ceguera" y el miedo a aceptar lo innegable. De ahí que un defecto o carencia orgánica del ojo, trasladado a la subjetividad y al mando social como "prejuicio del punto ciego", adquiera forma artística en la transformación, conflicto y "juego" de esforzados bailarines que dialogan con el ámbito envolvente. Hay en la obra –de similar manera- un contrapunto constante entre coreografía danzaria y fondo escénico cargado por una sintaxis visual donde el tropel de imágenes digitales no-figurativas (composiciones reconvertidas a base de fractales, sensores y geometría de color dosificado) erige la metáfora de la existencia y la circunstancia.

Sicología trascendentalista y naturalismo romántico, "disparos" incisivos que exigen espectadores provistos de lo que Lezama Lima llamó "cultura del ojo", cambios en la temperatura espiritual de los danzantes, versatilidad de cada protagonista y diseño plástico solicitado por un modo de ver la danza procedente de la juvenil conexión que tuvo Rosario con quienes estudiábamos pintura en la Escuela Nacional de Arte, vertebran toda la lógica del espectáculo que –en Punto Ciego- convierte a la tragedia en invectiva y alerta, al sexo en campo de disfrute y evasión, al tiempo real en transcurso imaginario a nivel de la percepción, a la música en sustancia del gesto, y a esa alternativa post-moderna del danzar en campo plurivalente en el cual otros medios expresivos (en este caso la proyección de video-mapping con apariencia de arte concreto "conceptualizado") armonizan y contrastan con lo corpográfico.

Con Punto Ciego, lo que para muchos ha sido "arquitectura corporal en movimiento" destinada al deleite, deviene lenguaje que torna a lo danzario en posibilidad de decir desde la sinceridad lacerante, para mover conciencias por vías de la diversa recepción del público.

Febrero del 2015