DANZA COMBINATORIA Un barroco posmoderno

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Por Reny Martínez (Cuba)



"La stravaganza" se presenta como un cuestionamiento a las limitaciones que impone la marginalidad sexual, social o cultural. Fotos: Julio Mainegra.

"La stravaganza": estreno de Rosario Cárdenas, directora artística de la compañía. Con música en vivo de Vivaldi, Lucía Huergo y del grupo rockero La teoría dorada de Popeye, la obra apunta a la "non-danse".


La bailarina y coreógrafa cubana Rosario Cárdenas y su conjunto Danza Combinatoria han logrado, en 16 años, consolidar su presencia peculiar en los espacios regulares de la escena coreográfica de su país. Y siempre con el anuncio de sus creaciones para su propia agrupación de eficaces cuatro parejas de bailarines-actores, suscita expectación, especialmente en el contexto sociopolítico del archipiélago cubano.
Cárdenas logró estrenar, esta vez en el vasto escenario de la hermosa sala quasi art déco del coliseo habanero Mella, su audaz pieza "La stravaganza", de poco menos de una hora, tan distinta e igualmente sorprendente en su propuesta ideo-estética. Todo ello se hace notable cuando se la compara con las otras tres obras suyas elegidas para completar el programa. Son ellas, "Noctario" (1994), un solo interpretado con convicción por el joven bailarín Abel Berenguer, pero que en su día fuera estrenado por la propia coreógrafa. Luego, "Combinatoria en guaguancó" (2002), pieza para dos parejas que muestran con pertinencia y humor una reelaboración desestructurada de la popular rumba cubana, con su referencia africanista, gracias al adecuado soporte musical grabado de una excelente obra de su compatriota Guido López-Gavilán. Y finalmente, "El ascenso" (2004), bailada con energía y gran carga emotiva por un trío de dos chicas y un muchacho, donde predomina la verticalidad en la búsqueda armónica del "ascender" dentro de uno mismo "en una escala espiritualmente contenida", según expresa Cárdenas en el programa de mano. Aunque alguna de las lecturas conduce al consabido "ménage á trois".
Sin pretenderlo, el eclecticismo estructural y estilístico de la autora la hace pasar, con cierta feliz coherencia, por las tendencias al uso, como son la contact improvisation, la danza-teatro o la danza post-modern. En este nuevo espectáculo, "La stravaganza", Cárdenas trata de demostrar que el barroco y el posmodernismo pueden definirse por la extravagancia, si se entiende por extravagancia el equivalente lingüístico de excentricidad y, ¿por qué no? de "distanciamiento del centro", como ella apunta.
La coreógrafa logra aprovechar, ejemplarmente, el inmenso espacio que le ofrece esta instalación, aunque carente del equipamiento de iluminación ideal a su propuesta. Por otra parte, también aprovecha a sus cuatro dotados bailarines actores –Celia Borjas, Abel Berenguer, Yaíma Esterlich y Dixán Garrido–, perfectamente integrados al discurso intelectual propuesto, mediante un movimiento corporal que se aplica a fondo en el cuestionamiento a las limitaciones que impone la marginalidad sexual, social o cultural.
Rosario Cárdenas no vacila en la provocación más impertinente que pudiera herir las sensibilidades de los más conservadores asiduos a los espectáculos de danza en La Habana, tanto en el plano sonoro, por las estridencias del rock´n roll en vivo producido por el grupo local La teoría dorada de Popeye, como en el plano visual y plástico. Bailarines y músicos aparecen, primero, vestidos con un inusitado vestuario confeccionado a partir de materiales desechables (pelucas de cintas de viejos casettes, faldas de celuloides fílmicos, sandalias fabricadas con discos compactos y tubos de perfusión clínica), hasta llegar a la desnudez integral, con la explosión sobre sus cuerpos de la "sangre" contenida en preservativos. Mientras, se escucha en off, un aria de Vivaldi en la inusual voz de un famoso contratenor.
Más sorprendente aún fue la respuesta del público asistente –más numeroso que lo habitual en programas de danza avant-garde–, al ovacionar de pie uno de los más audaces e insolentes espectáculos del género en los últimos tiempos en Cuba. Los aficionados cubanos estaban así, acaso, ¿están preparados ya para aceptar la llamada "non-danse" europea?

La no danza
Fragmento tomado del libro "Danse et Non-Danse" 25 años de danza contemporánea, de la critica de danza francesa Dominique Frétard, publicado en 2005 por la editorial de Cercle d´Art, de París.
Del capítulo: ¿Qué es la danza?
Abran en la palabra "danza" el diccionario, la común base de datos: "acción de bailar. Serie sucesiva de movimientos del cuerpo ejecutados según un ritmo, generalmente al sonido de música y siguiendo un arte, una técnica o un código social más o menos explícito". Esta definición del Petit Robert, en su misma generalidad, puede ser validada, ella se depura sin embargo cuando aparece la cita de Paul Valéry, escritor y crítico de danza: "La danza no es más que la acción del conjunto del cuerpo humano (...) traspuesto en un mundo, en una especie de espacio-tiempo, que no es otro, efectivamente, que el mismo de la vida práctica". ¿Qué es lo que la danza tiene aún que decirnos del espacio y del tiempo, que sea específico de su lenguaje?
Paul Valéry añade, además: "Lo más profundo es la piel...". La piel, superficie del cuerpo en los pliegues y los re-pliegues de la cual acaba de inscribirse la danza, podría ser una aproximación positivamente aceptable para definir esta corriente de "non-danse", que ha tomado, como último recurso, el cuerpo como único rehén. El cuerpo y su carne. La piel. Una manera de darle piel a la danza. De horadarle la piel. Una especie de asesinato de una vez por todas de todos los padres y madres tutelares. De Ruth Saint Denis a Pina Bausch. De Ted Shawn a Merce Cunningham. Afiliaciones por las mujeres, afiliaciones por los hombres. Asesinar para, en un final, hallar su sitio en la línea de descendencia.
¿Quiénes son esos "asesinos" simbólicos? No es anodino que sean esencialmente bailarines egresados de las grandes compañías, y a menudo afamados intérpretes. Son ellos los que toman la palabra y cuestionan a aquellos coreógrafos que una vez sirvieron, y van más allá: interrogan a la danza misma. (...)
Traducción: Reny Martínez.

Provocación impertinente que pudiera herir la sensibilidad de los más conservadores, asiduos a los espectáculos de danza en La Habana.