Polémica de Rosario Cárdenas

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Por Octavio Borges Pérez

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Como muchos esperaban, el reciente estreno de la coreógrafa y bailarina Rosario Cárdenas –Premio Nacional de Danza 2013- Tributo a El Monte. Nuestro homenaje a Lydia Cabrera, fue una nueva sorpresa que, como ocurre con sus creaciones, concita a la polémica.

Considerada por ella misma una obra de madurez, esta coreografía constituye todo un suceso cultural, porque desde la poesía, la suma integradora de expresiones artísticas y la novedad, resulta   otra visión transgresora desde la danza contemporánea al universo espiritual afrocubano, en esta época de realidades virtuales y tecnologías de punta.

Puristas del folclor tachan a la coreógrafa de desacralizadora, de no emplear referencia literal alguna y realizar una interpretación demasiado libre; pero precisamente, en ese aspecto, el de concebir otra obra totalmente distinta y captar el espíritu, la magia y complejidades filosóficas, conceptuales y formales de su fuente de inspiración, es donde la mayoría aprecia sus virtudes más sobresalientes.

   Experta en trazar atajos poéticos en el centro mismo de las complejidades y destilar sus esencias, Rosario regala, como en un espasmo, los frutos de una vida de investigación, experimentos, experiencias, creatividad y síntesis poética.

Acerca del suceso, Natalia Bolívar, pintora, escritora y etnóloga cubana, especializada en religiones afrocubanas, expresó que la pieza de Rosario Cárdenas la dejó muy impresionada porque   significó como si Lydia Cabrera la hubiese hecho.

Destaca que Cabrera era como una expresión de la naturaleza, como la eclosión de las flores, el mar o los ríos, con una mente de fertilidad tremenda que lograba imágenes de todo lo que la rodeaba.

   Precisa que Rosario llevó a la realidad   esa música, la vegetación, los animales de El Monte, ese mundo también infantil y tremendo que todos llevamos dentro, en una forma tan de Lydia que es como si estuviera ella presente en cada acorde, en cada gesto y movimiento

   De Lydia Cabrera (1899-1991), etnóloga y escritora cubana, muchos consideran que El Monte es su obra maestra, una especie de Biblia de las religiones afrocubanas.

Ismael Albelo, crítico de danza, profesor e investigador afirma que ,
esta vez, Rosario, por no variar, ahora asume una colosal empresa: apoyarse en la piedra angular de nuestra bibliografía etiológica que es El Monte y le hubiera sido menos difícil si se hubiera dedicado miméticamente a traducir el contenido sígnico que la Cabrera rescata para nuestra cultura transculturada.                            

Pero nada amante de las misiones fáciles, dice que optó por tomar el espíritu de esa enciclopedia del saber afrocubano y componer, más que una coreografía, un espectáculo multimediático apoyada por imágenes fílmicas de Pablo Massip, luces inteligentes del joven Antonio Martínez, escenografía de Rafael Pérez (a destacar el diseño de la Ceiba protagonista), vestuario de la alemana Cris Cris, maquillaje de Cistina Fonollosa y música del DJ Iván Lejardi en colaboración con Juan Piñera.

Albelo señala que Rosario toma las mayores esencias naturales de las ánimas que perviven en las hojas, los palos, las lianas, las aguas y los seres –reales y fabulosos- que inundan esa verdadera Biblia que es el texto de Lydia Cabrera y, transforma toda esa flora y esa fauna en elementos cosmogónicos que trascienden sus corporeidades para –como en el libro pero metamorfoseados- mostrarse como los dioses que adoraron nuestros antecedentes africanos y que hoy aun adoran miles de cubanos en las religiones de Ocha, Palomonte, Abakuá y un listado interminable que la etnóloga recogió de manera muy inteligente sin empañarlos con las terminologías científicas.

También asegura que en igual orden de respeto al origen literario, uso la dramaturgia tortuosa que la Cabrera, sin definir verdades sino mostrando pasos, vestuarios, accesorios que recuerdan las ligazones con la Naturaleza y que pueden ir “al caldero” o utilizadas en el “despojo” según el interés del contemporáneo.

Subraya que uno de los mayores aciertos de este “Tributo a El Monte” es la concepción ecuménica del espectáculo y su elevación a monumento, que recuerda las tradiciones que Ramiro Guerra, padre de la danza moderna en Cuba, intento establecer en nuestra danza y que con la prohibición de Decálogo del Apocalipsis en 1970 y dejo en suspenso.

Elogia además, el uso que hace del grupo rapero Fuera de Norma para hacer el resumen o el epilogo de la obra, lo que la acerca a la contemporaneidad de ese monte cabreriano, ahora, además, cardeneano.

   La poetisa Aitana Alberti califica de intensa y singular la pieza de Rosario Cárdenas porque en esa especie de tierra de nadie que es un escenario logra recrear una mágica percepción de la naturaleza de la Isla.

“Alrededor de la Ceiba-torre (elemento escenográfico esencial de la pieza), sostenedora del cielo, los bailarines se transforman en todo lo que vibra, se multiplica, muere y renace en el monte viviente. Pero no sólo danzan, son diestros acróbatas, perfectos en la sinuosidad de los movimientos, en la palpitaciones de cada músculo, para alcanzar el equilibrio exacto en la desmesura del salto”.

Aitana señala que la voz, la música, la imagen, todo se conjuga en una ofrenda única a un mundo primigenio, absolutamente actual en Cuba.

Concluye que con su personalísima interpretación de El Monte, constatamos una vez más lo excepcional de la pasión creadora de Rosario Cárdenas.

La compositora, instrumentista, arreglista y productora Lucía Hüergo, una de las más destacadas figuras de la música contemporánea cubana, afirma que esta es otra obra maestra, puro del derroche de talento y buen gusto de su autora, quien empleó una música excelente, en coreografías expresivas y convincentes.

Subraya que mantener un espectáculo durante hora y media sin que bajen las expectativas no es tarea nada fácil, que en el caso de Rosario Cárdenas consiguió con creces.